Lazo Tinkay

Las personas oferentes de los toros de lidia para la corrida, por lo general, son dueños de toros bravos de diferentes parajes o ganaderías; quienes con debida anticipación son traídos a fin de que descansen y estén en condiciones óptimas para la fecha requerida; en efecto, el propietario en coordinación con el «carguyok»(Capitan de Plaza )organizan la actividad de «Lasotinkay», que consiste en citar a los expertos y diestros en echar lazo a los toros bravos, prioritariamente a los jóvenes atletas conocedores del arte, para un día determinado; quienes reunidos organizan y planifican las tácticas y estrategias a emplearse en la conducción; en dicho acto el dueño de los ganados escoge al más caracterizado de los participantes, desig¬nándolo como «Lasoccatay»; el que por sus dotes especiales se responsabiliza de recolectar lazos y otros recursos necesarios; asimismo el «Lasoccatay» coordina acciones para centralizar las cuerdas en el patio de la casa del propietario de los animales, en donde practican en horas de la noche, los ritos correspondientes conforme a la tradición asimilada por el pueblo; en tal sentido, los laceadores se colocan alrededor del conjunto de ataduras enrroncadas; acto seguido el respon¬sable de la actividad inicia el rito derramando chicha y cañazo, utilizando una pequeña rama de un arbusto llamado chamana; implorando a base de rezos, ruegos y súplicas especiales, a los apus, aukis; quienes según ellos, son los verdaderos dueños y cuidadores de los ganados; en forma singular los ritos que realizan en la población de Chalhuanca son orientados mayormente a los aukis de «Pisti» y .«Cucchi», por ser padres de las montañas de la Provincia, el primero considerado como macho (orkkon) y el segundo como hembra (chinan). Como un acto ritual los viajeros aymarinos esparcen aguardiente mirándolo con respeto, sus ojos se esfuerzan para distinguirlo bien de todas las cumbres, le hablan con cariño, le saludan rociando cañazo al aire; por que es el cuidador, vigía de toda la tierra de la zona y dueño de los toros de las punas. Cuando la gente observa al Pisti y Cucchi, están tranquilos, las nubes rodean su cumbre, se ve oscuro, imponentes y parece que allí empiezan siempre las tormentas en donde los campesinos contemplan y se arrodillan, su corazón tiembla de miedo a estas fuerzas de la tierra, considerándolos como sagrado y divino. Existen también aukis menores que los moradores lo toman con admiración y respeto, debido a la protección y favores recibidos por los comuneros especialmente, según la tradición en el cuidado de los animales, entre ellos tenemos: Suparaura, Atunchucchu en Chapimarca, Runcu en Capaya, Huancaray en Tapayrihua, Choccehuarca. Qqorahuiri en Colcabamba, Huamanchino en Pocohuanca, Tunapita en Yanaca, Anya para en Pairaca, Anoccara en Chuquinga, Poccori en Chalhuanca, Sotoya, Condorillo, Auquiato, Pachahui en Cotarusi, Apumarka en Caraybamba. etc Seguidamente continúan con el rito el «Lasoccatay», el «carguyok» los laceadores y personas asistentes al acto ritual. Continuando con la descripción, en la cabecera del conjunto de trenzas, colocan en una «Iliklla» objetos rituales como: media docena de maíz con su mazorca, coca, reatillos multicolores, sebo de llama, incienso, cuchillo de señal de vacas, chicha en un vaso pequeño hecho de barro, que tiene forma de ganado vacuno, cañazo en copas de madera, pankas de maíz, ramas de chamana, fósforo, cajetillas de cigarro, etc. costumbres mágica religiosas que practican con mucha re y devoción hasta altas horas de la noche; para concluir con la fiesta, los objetos rituales son envueltos en una servilleta y luego es llevado el envoltorio hasta el comedero de los animales, a fin de ofrecer a los respectivos aukis; los laceadores en forma organizada parten a tempranas horas del día, llevando sus lazos de cuero enroscados al cuerpo es decir del sobaco al hombro en forma diagonal. El «Lasoccatay» que también hace el papel de «pongo», cargando en una «lliklla» los objetos rituales, acompaña a los laceadores hasta la meta fijada; una vez llegado al comedero de los animales bravos hace el ofrecimiento de «pago» al auki o «apu» del lugar, para ello enciende los objetos mágicos llevados a base de incienso, generando cantidad de humo a toda dirección, llamándolos «ccompu»; finalmente son enterrados cuidadosamente en el suelo a Un de que el «auki» según ellos, reciba y conceda permiso para la conducción de los animales; caso contrario no llegarían los toros, tampoco se cumpliría lo planificado por los laceadores; consumado este hecho, los expertos trabajadores se posesionan en lugares estratégicos e inician a juntar y hacer entropar con ganados mansos bajo la denominación de «madrinazgo», esta operación lo hacen con bastante tino, evitando todo tipo de ruidos para que los animales bravos no se pongan en sobresalto y se escapen. Para el acto del arreo los laceadores se organizan por grupos, optando diferentes modalidades como: arrear en conjunto, otros utilizan caballos, etc. prácticas que por lo general resultan exitosas; sin embargo algunas veces los animales se dan cuenta y logran escapar de su manada, en estos casos los laceadores optan por echar ataduras y conducen a la fuerza. Los arrastradores aguantan el toro de atrás y de adelante; en otros casos cuando el animal es difícil de lacear en la altura pelada utilizan perros adiestrados en coger ganados; para luego en medio de la confusión y engaño sean laceados y conducidos; otros toros logran escapar a lugares distintos de su hábitat; este caso es interpretado por el «pongo» y los participantes de la jornada, como un «enojo: de los aukis, ya que el pago ofrecido no ha sido para su agrado. A lo largo de estas correrías, se producen muchos accidentes, hasta muertes; la misma que es asumida en su curación y sepelio por el dueño de los toros. A horas de la tarde hacen llegar a los mamíferos rumiantes bajo las modalidades señaladas; para luego ser depositados en extensos canchones de alfalfares o de pasto blando, debidamente habilitados con este motivo; asegurado los animales, los laceadores que en forma gratuita participaron en el trabajo, se dirigen al domicilio del propietario de los toros; para recibir las atenciones correspondientes; en dicha reunión el comentario es algo especial, destacando sobre todo sus habilidades y cualidades de cada uno de los participantes, puntualizando con mucha alegría, la valentía y la destreza; culminando esta labor, en una fiesta de emoción y de satisfacción de haber cumplido con el objetivo.